sábado, 2 de agosto de 2008

HORTENSIA

INTRODUCCION
“La risa cuando puede participarse hermana a los hombres", dijo la escritora cubana Dulce María Loynaz y agregó: "No es difícil llorar en soledad y es casi imposible reír solo".
Aquello que nos hermana, también nos identifica y nos distingue. A los cordobeses, entre otras cosas (Talleres vs. Belgrano, hinchar por Atenas, el mate con peperina, las sierras, La Cañada, etc.), nos une el humor, ese que nace en las calles.
La historia cuenta que Jerónimo Luis de Cabrera trajo 106 andaluces, los tipos más graciosos y divertidos del mundo, para la fundación de la ciudad. Los andaluces diseminaron sus carcajadas en estas tierras para que se multiplicaran, porque no hay nada más hermoso que reírse fraternalmente.
El humor ha estado en Córdoba vinculado siempre a las formas de la cultura vernácula, arraigado en el espíritu del hombre de la calle. Ganó popularidad a partir de la década del 70 con la aparición de Hortensia, revista dirigida y creada por Alberto Cognigni.
Hortensia logra -a nivel de medios gráficos- lo que ninguna otra publicación había podido conseguir hasta ese momento: tiraje de 100.000 ejemplares, calidad argumental, técnica y creativa, y capacidad competitiva para con las revistas humorísticas de la Capital Federal. Aún hoy, en las casas de canje y venta de revistas usadas se consiguen algunos ejemplares.
Hortensia reflejó en sus páginas esa fórmula institucionalizada de respuesta "no si vuá sé..." a la pregunta obvia. Esa fórmula dicen que empezó con aquel borracho al que metieron en cana y el comisario le dijo: "Vo sabé pintá ¿no?, bueno si dejá la celda blanca sin ensuciá el piso ni con una gota de pintura, te dejo salí. El negro pidió kilos de papel de diario y los extendió por toda la celda. Llega otro cana y le dice: ¡Che negro! ¿estaí por pintá? Y el negro pintor le respondió: "No si la vuá está envolviendo pa' regalo".
"Hortensia: por amor al humor" es una monografía que intenta explicar el fenómeno de una revista cordobesa de humor, que atrapó a tres generaciones. También cuenta cómo un soñador de imposibles -Alberto Pío Cognigni-, inventó la revista Hortensia para ganar amigos y no plata, hermanando las carcajadas de todo el país.




Precio de tapa: En el año 1971, Hortensia costaba $ 1,50, según la moneda de la época. Hoy esta cifra equivaldría a dos atados de cigarrillos. La revista se sustentaba económicamente con el precio de tapa, más que con la venta publicitaria.
Publicidad: Alberto Cognigni impuso el criterio de que los avisos publicitarios tuvieran la misma línea de humor que el resto de la revista. Los contactaba directamente Hortensia, sin llegar a mediar con las agencias de publicidad locales, que al parecer nunca se interesaron demasiado en esta publicación. Por eso los avisos - algunos muy ingeniosos y simpáticos-, eran elaborados por el staff de la revista, previa connivencia con el anunciante.
El precio de los avisos era un 60% más barato de lo establecido por un medio "pulpo" como La Voz del Interior. La publicidad ocupaba entre el 25 y el 30 por ciento de la revista.
Contenido: Todas las vetas del humor tenían su espacio en Hortensia, desde el 'cartoon' unitario o desarrollado, con o sin texto, la historia serial, las pequeñas anécdotas o relatos de la vida cotidiana, los personajes paradigmáticos que representan tipos sociales, la caricatura de personas conocidas en la ciudad, los gags políticos, y hasta la transformación humorística de la literatura autóctona.
Hortensia logró combinar íntimamente texto e imagen. Se la podría definir como una revista de humor costumbrista, típica y fuertemente cordobés, que eclipsó el gran objetivo de Cognigni de transformar a "su sueño" en una vidriera para dibujantes de todo el país.
Se valía del absurdo para reflejar situaciones y momentos históricos y políticos que ponían en vilo a la sociedad de ese tiempo. Sin embargo, Hortensia no se caracterizaba por ser una publicación contestataria aunque siempre dijo lo que quiso con inteligencia. La revista era una prolongación de las peñas, llevaba al papel todo lo que allí se escuchaba e inventaba en largas madrugadas de guitarreadas y alcohol.
Cognigni fue el cerebro de la revista, sabía pedir lo que quería y, al mismo tiempo, dejaba crear a los dibujantes. (Muchos de ellos tuvieron que aprender a ponerle texto a sus chistes porque el "Gringo" así se los exigía). El mismo inmortalizó una dupla bien cordobesa: Negrazón y Chaveta, dos amigos de la sexta, además de otros espacios creados por él y firmados con el seudónimo Augusto o Pío.



EL ORIGEN DEL NOMBRE
La Córdoba de los años sesenta es rica en personajes populares que deambulaban por las calles de la ciudad: el "Cabeza Colorada", "Jardín Florido", El "Negro e' la Juana", "La pelada de la Cañada", etc. Había una mujer andrajosa y borracha que vendía entre otras cosas papas de Hortensia (arbusto de hermosas flores blancas, rosadas o azules originario de] Japón), famosa por los insultos que propinaba a quienes no accedían a comprarle la mercadería que ofrecía. Siempre andaba a los gritos y no se le callaba ni a la misma policía, que no en pocas oportunidades debía arrestarla por las molestias que causaba a los ocasionales transeúntes. Este personaje no gozaba -como los anteriormente mencionados- de la simpatía de la gente, que sólo lo incorporó a la memoria popular y lo llevó a la categoría de mito a través de la revista.



LAS PARTICULARIDADES DEL HUMOR CORDOBES
Un guaso a un chofer de ómnibus:
-¿Va por Paso de los Andes?
- Sí.
- ¡Bueno, dame medio boleto porque a la vuelta me vengo con San Martín!.
Miguel Bravo Tedín afirma que "el humor cordobés” puede ser rastreado desde hace más de cien años en la colección existente en la Biblioteca Mayor de la Universidad de Córdoba, del periódico La Carcajada. Podemos anotar desde aquel entonces tomaduras de pelo, irrespetuosidad, invención de nuevas palabras, utilización de vocablos populares, etc. El cordobés, por ser quizás Córdoba cruce de caminos, receptó mucho las perspectivas y criterios de otros pueblos y otras formas de mirar las cosas". Pero además, "Córdoba fue la ciudad de las iglesias y la universidad, de los doctores y los abogados", aunque "también fue la de los negros esclavos donde se los subastaba, de los burdeles, de los circuitos prostibularios, de la irreligiosidad, de los prominentes ateos. (... ) De esa contradicción, de esa puja de dos estilos de vida, que conforman lo que fue y sigue siendo Córdoba, nace sin duda el estilo de su humor. Cachador, con doble sentido, sutil muchas veces, absurdo otras, lleno de epítetos cargado de gracia y pleno de espontaneidad".
Para Carlos "Pasti" Bongiovanni : "El humor de Hortensia reconoce sus fuentes en aquel que baja de los suburbios, de las barriadas de obreros y marginados del sistema de producción, y se expresa con todo su esplendor en los estadios de fútbol, en los bailes populares de los clubes de barrio, en los bodegones, en el viejo mercado de abasto, y llega al área céntrica de la docta ciudad a través de toda la gama de buscavidas. Humor plebeyo, en fin, que encierra en muchos casos una forma de protesta social de los sectores postergados económicamente y marginados culturalmente (desde los gringos emigrados del interior en la época de la industrialización hasta el "negro" cordobés, que se levanta corno respuesta casi dialéctica ante la "otra" Córdoba, acartonada, solemne, excesivamente formal en sus costumbres, oscurantista y reaccionaria en sus ideas".



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